Perfil sensorial en el autismo, Trastorno del Espectro Autista: comprender cómo percibe el mundo cada persona
Monitora en la Unidad de Discapacidad del Hospital de Gesalibar en Arrasate
Comprender el perfil sensorial de una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA) permite entender mejor cómo percibe y responde a los estímulos del entorno. Identificar estas diferencias ayuda a interpretar determinadas conductas, adaptar los apoyos y favorecer el bienestar,…
Comprender el perfil sensorial de una persona con Trastorno del Espectro Autista (TEA) permite entender mejor cómo percibe y responde a los estímulos del entorno. Identificar estas diferencias ayuda a interpretar determinadas conductas, adaptar los apoyos y favorecer el bienestar, la autonomía y la calidad de vida.
Las personas con Trastorno del Espectro Autista (TEA) pueden percibir el mundo de una forma diferente. Más allá de las características relacionadas con la comunicación y la interacción social, uno de los aspectos que con mayor frecuencia influye en su bienestar cotidiano es el procesamiento sensorial.
Pero ¿qué es exactamente el procesamiento sensorial?
Nuestro cerebro recibe constantemente información a través de los sentidos. En la mayoría de las personas, organiza esta información de forma automática, permitiendo responder de manera adaptativa al entorno.
En las personas con TEA, este procesamiento puede ser diferente, generando respuestas sensoriales más intensas, más débiles o variables según el contexto.
¿Qué es el perfil sensorial?
El perfil sensorial describe el patrón individual con el que una persona responde a los diferentes estímulos sensoriales.
No existen dos perfiles iguales, incluso entre personas con el mismo diagnóstico.
Algunas personas pueden sentirse abrumadas por sonidos cotidianos, mientras que otras apenas los perciben. Algunas buscan constantemente el movimiento o el contacto físico, mientras que otras evitan determinadas texturas o el roce de ciertas prendas.
Estas diferencias no deben entenderse necesariamente como un problema de comportamiento, sino como una forma diferente de procesar la información sensorial.
Comprenderlo cambia también nuestra manera de interpretar determinadas respuestas de la persona.
Hipersensibilidad e hiposensibilidad sensorial en el autismo
Las respuestas sensoriales pueden manifestarse de formas muy diferentes.
Hipersensibilidad sensorial
La hipersensibilidad sensorial se produce cuando la persona percibe determinados estímulos con una intensidad muy elevada.
Puede manifestarse, por ejemplo, mediante:
- molestia intensa ante determinados sonidos;
- rechazo a ciertas texturas de ropa o alimentos;
- sensibilidad extrema a luces brillantes;
- evitación de olores intensos;
- malestar ante un contacto físico inesperado.
En estos casos, situaciones que para otras personas pueden resultar cotidianas pueden convertirse en experiencias altamente estresantes.
Hiposensibilidad sensorial
La hiposensibilidad sensorial, por el contrario, aparece cuando la información sensorial se percibe con menor intensidad.
En estos casos podemos encontrar:
- escasa respuesta al dolor o a la temperatura;
- necesidad de hablar en voz alta;
- búsqueda de sabores intensos;
- preferencia por movimientos fuertes o repetitivos;
- dificultad para identificar determinadas señales corporales, como el hambre o el cansancio.
Estas conductas pueden cumplir una función autorreguladora y ayudar a la persona a organizar la información que recibe su cerebro.
Además, hipersensibilidad e hiposensibilidad no son categorías excluyentes.
Una misma persona puede presentar, por ejemplo, hipersensibilidad auditiva e hiposensibilidad al dolor. Y sus respuestas pueden cambiar dependiendo de factores como el estrés, la fatiga, el estado emocional, el entorno o la sobrecarga sensorial.
Por todo ello, resulta fundamental realizar una valoración individualizada.
¿Cómo se evalúa el perfil sensorial?
La evaluación del perfil sensorial suele formar parte de una valoración clínica integral y puede incluir:
- entrevistas con la persona y su familia;
- observación en diferentes contextos;
- cuestionarios estandarizados sobre procesamiento sensorial;
- evaluación funcional de las dificultades que aparecen en la vida diaria.
El objetivo no es “normalizar” las respuestas sensoriales, sino comprender cómo afectan al funcionamiento cotidiano y diseñar estrategias de apoyo adaptadas a cada persona.
Una vez identificado el perfil sensorial, pueden establecerse diferentes medidas para favorecer su bienestar: adaptar los ambientes reduciendo estímulos innecesarios, anticipar situaciones potencialmente estresantes o favorecer actividades que ayuden a la autorregulación sensorial, entre otras.
Comprender antes que corregir
Muchas conductas relacionadas con el perfil sensorial no son desafiantes ni buscan llamar la atención.
Con frecuencia representan la mejor estrategia que la persona encuentra para adaptarse a un entorno que puede resultar excesivamente estimulante o, por el contrario, poco perceptible.
Este cambio de mirada es fundamental.
Cuando comprendemos cómo procesa la información sensorial una persona con TEA, dejamos de interpretar ciertas conductas únicamente como “problemas” y empezamos a entenderlas como señales que pueden ayudarnos a ofrecer apoyos más adecuados y eficaces.
Escuchar. Observar. Comprender. Y, cuando sea necesario, adaptar el entorno.
Hacerlo favorece no solo la participación en las actividades de la vida diaria, sino también el bienestar emocional, la autonomía y la calidad de vida.
El perfil sensorial constituye, por tanto, una pieza fundamental para comprender la experiencia de las personas con Trastorno del Espectro Autista.
Cada persona percibe el mundo de forma diferente. Reconocer esas diferencias nos permite diseñar intervenciones más respetuosas, reducir el estrés y favorecer su participación en los distintos ámbitos de la vida.
