Voluntariado en Euskadi: Mertxe, 91 años y 23 acompañando en Arrasate

 

Mertxe, 91 años, comparte su historia tras 23 años de voluntariado en Euskadi acompañando en Arrasate. Un ejemplo real de hospitalidad. (156 caracteres aprox.)

“La hospitalidad es sentarte al lado y estar”

El voluntariado en Euskadi tiene nombres propios. Uno de ellos es el de Mertxe Mogilnicki, 91 años y 23 acompañando cada martes en Arrasate. Su historia es la de una vida entera dedicada al cuidado, dentro y fuera del ámbito profesional

Hay personas que ayudan.
Y hay personas que no saben vivir de otra manera.

Mertxe nació en Bera de Bidasoa un 5 de enero, hace 91 años. Creció en una época de posguerra, en una casa donde no sobraba nada, pero donde nunca faltó algo esencial: el cariño y la comprensión.

Desde niña lo tuvo claro.
Quería ser enfermera. Quería ser matrona. Quería ayudar.

No era lo habitual entonces. Muchas chicas se quedaban en casa. Pero sus padres eligieron confiar en ella. Cada semana viajaba desde Bera a San Sebastián para estudiar en Ategorrieta. Su padre le daba 25 pesetas. El autobús costaba 11. Había que calcular cada moneda.

Y ella iba.
Con determinación.
Con ilusión.
Con una convicción silenciosa que la ha acompañado toda su vida.

“En mi casa me dieron algo muy grande: la posibilidad.”


Dos maneras de cuidar

Con 20 años se marchó a Inglaterra y trabajó en un hospital militar. Allí aprendió, creció profesionalmente y conoció otra forma de atender.

“La atención era correcta, profesional… pero más fría.”

Años después, cuando comenzó su voluntariado en Aita Menni, percibió algo distinto desde el primer día.

“Aquí sentí hospitalidad. Sentí que no solo se cuidaba el cuerpo, también el corazón.”

Esa diferencia le confirmó algo que ya llevaba dentro: el cuidado no es solo técnica. Es presencia. Es humanidad. Es cercanía.


Matrona, madre de siete hijos… y siempre disponible

En Mondragón ejerció como matrona mientras criaba a siete hijos. Compaginó familia y profesión con una naturalidad que hoy impresiona. Después trabajó también en la industria privada, donde —sin que ese fuera su cargo oficial— ejercía casi como asistente social para las personas trabajadoras.

“En la empresa no solo hacía mi trabajo sanitario. Escuchaba. Acompañaba. Intentaba ayudar.”

Cuidar no era una función. Era su manera natural de estar en el mundo.

Y cuando llegó la jubilación, tuvo una certeza rotunda:

“No concebía jubilarme y dejar de ayudar.”


23 años viniendo cada martes

Así comenzó su voluntariado.
No por ocupar el tiempo.
No por rutina.
Sino porque necesitaba seguir aportando.

Durante 23 años acudió cada martes al Hospital Aita Menni de Arrasate. Sin faltar ninguno.

Acompañaba paseos.
Escuchaba historias.
Compartía silencios.
Estaba.

“Nunca pensé que hiciera nada del otro mundo.”

Pero la vida tiene algo curioso: muchas veces no hacemos cosas grandes… y sin embargo son profundamente importantes.

Una conversación sin prisa.
Una presencia constante.
Un gesto de cercanía.

Eso cambia días.
Eso sostiene vidas.


Vínculos que se quedan

Para Mertxe, las personas a las que acompañaba no eran pacientes anónimos.

“Pasaban a formar parte de mi vida.”

El hecho de venir cada martes, de no fallar, generaba vínculos especiales. Fuertes. Reales.

Le gustaría que la recordaran por su cercanía. Por haber sido comprometida y entregada.

“Me salía así. No concibo otra manera de hacerlo.”

Y lo dice con una honestidad que emociona:

“He dado una parte muy importante de mí misma.”


Lo que el voluntariado le dio

Si algo tiene claro es esto:

“El voluntariado me ha dado muchísimo más de lo que yo he dado.”

Le ha dado paz interior.
Le ha dado perspectiva.
Le ha dado fuerza.

Ver la realidad de personas en situaciones complejas le hizo tomar conciencia de lo afortunada que es por la familia que tiene. Le ayudó a relativizar sus propios problemas. A no perder tiempo en cosas sin valor.

“No estamos en esta vida solo para comer, vivir y pasarlo bien. Hay que ayudar. Hay que dar.”

El voluntariado no la debilitó. La fortaleció.


Hospitalidad: una palabra sencilla, una práctica profunda

En Ospitalarioak hablamos de hospitalidad como valor esencial. Para Mertxe no es un concepto abstracto.

“Hospitalidad es acoger de verdad. Escuchar sin prisa. Mirar a la persona.”

Si tuviera que resumir su granito de arena:

“Sentarme al lado y decir: estoy contigo.”

Eso ha hecho durante 23 años.


El legado invisible

Está convencida de que su voluntariado ha sido un ejemplo para sus hijos. Y hace poco recibió la confirmación.

Uno de ellos, que vive en San Sebastián, le dijo que cuando se jubile quiere ser voluntario.

Eso no se enseña con discursos.
Se transmite viviendo.

Valores que pasan de generación en generación.


Saber retirarse también es cuidar

Ahora se ha retirado. No por falta de ganas, sino por responsabilidad.

“He perdido facultades físicas y quiero hacer las cosas bien.”

Y aunque sabe que el tiempo suavizará la emoción, hoy echa mucho de menos los martes.

“Echo mucho de menos venir al hospital y estar con las enfermas.”

Cuando el voluntariado forma parte de tu identidad, no es una actividad. Es parte de ti.


Si volviera a nacer…

No duda.

“Volvería a ser matrona. Y volvería a ser voluntaria. Lo tengo muy claro.”

Porque hay personas que eligen una profesión.
Y hay personas que eligen una manera de vivir.

Mertxe eligió cuidar.

Eligió estar.
Eligió dar.

Y durante 23 años, cada martes, practicó algo que a veces olvidamos:
que la hospitalidad no se proclama.

Se vive.


Si quieres, ahora puedo ayudarte a pulir aún más el cierre con una dedicatoria final directa a Mertxe, algo que pueda imprimirse y entregarse como recuerdo físico.

Mertxe, voluntaria de 91 años en Ospitalarioak Fundazioa, tras 23 años de voluntariado en Arrasate
Retrato de Mertxe, voluntaria de Ospitalarioak Fundazioa en Arrasate, tras 23 años de acompañamiento y hospitalidad en el Hospital Aita Menni.

Comparte este contenido