Retos y estrategias en la intervención comunitaria con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental con trastornos de conducta leves: evidencia científica y experiencia práctica
La intervención comunitaria con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental que presentan trastornos de conducta leves exige un enfoque integral que responda a la diversidad de necesidades, al estigma social y a la importancia de la coordinación profesional. La experiencia de Zubi Etxe muestra que los modelos centrados en la persona, la prevención, la participación activa de las personas usuarias, el trabajo interdisciplinar y el apoyo a las familias son claves para promover la autonomía y mejorar la calidad de vida.

Introducción
La atención a personas con discapacidad intelectual (DI) y/o enfermedad mental (EM) que presentan trastornos de conducta leves representa un desafío complejo que involucra factores clínicos, sociales y comunitarios. La coexistencia de ambas condiciones incrementa la vulnerabilidad de las personas afectadas, generando mayores dificultades de adaptación, relación e inclusión (Novell Alsina et al., 2012; Etxeberria, 2015).
En Donostia, el Centro Zubi Etxe realiza una intervención integral orientada a promover la autonomía personal, social y laboral de sus usuarios, mediante una atención centrada en la persona y adaptada a sus necesidades.
A continuación, vamos a analizar los principales retos que plantea la intervención con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental con trastornos de conducta leves y plantear estrategias para afrontarlos, desde un enfoque basado en la experiencia que vivimos en el recurso de Zubi Etxe.
Retos en la intervención comunitaria
Diversidad y heterogeneidad de necesidades
El primer gran desafío radica en la diversidad que caracteriza a este colectivo. La discapacidad intelectual y la enfermedad mental abarcan distintos grados de afectación cognitiva, emocional y funcional, lo que determina la variabilidad de las conductas y las formas de afrontarlas (Manual MSD, 2024). Los trastornos de conducta leves pueden manifestarse en dificultades para regular emociones, responder ante la frustración o mantener relaciones interpersonales estables.
En contextos como el de Zubi Etxe, esta diversidad se aborda mediante evaluaciones individualizadas que analizan las capacidades, el perfil cognitivo, las habilidades adaptativas y el contexto social de cada persona. Este tipo de valoración integral facilita la elaboración de planes personalizados que promueven la autonomía sin perder de vista las limitaciones de cada individuo.
Detección y prevención
La detección precoz de las alteraciones conductuales es un aspecto fundamental. Con frecuencia, los síntomas de enfermedad mental en personas con discapacidad intelectual pasan inadvertidos o se atribuyen erróneamente a la propia discapacidad (Novell Alsina et al., 2012). Esta dificultad diagnóstica retrasa la intervención y puede agravar las conductas desadaptativas. En Zubi Etxe, la detección se realiza a través de una observación en los entornos cotidianos y de una estrecha coordinación entre los profesionales, lo cual permite identificar cambios conductuales y ajustar los apoyos de forma preventiva.
Estigmatización y prejuicios
El estigma social supone otro obstáculo que aún persiste, lo que limita la participación social y afecta la autoestima (Etxeberria, 2015). Las actitudes sobreprotectoras o discriminatorias del entorno social dificultan los procesos de autonomía y autoconfianza. En este sentido, en Zubi Etxe promovemos la participación activa de los usuarios en actividades comunitarias, deportivas y culturales. Esto favorece el contacto social, la visibilización y la normalización.
Coordinación interdisciplinaria
La atención a este perfil requiere la implicación coordinada de múltiples disciplinas, en Zubi Etxe la coordinación se realiza mediante reuniones periódicas con los equipos de salud mental, centros educativos y diputación, garantizando una atención integral y coherente. Esta cooperación facilita el seguimiento multidisciplinar de cada usuario y mejora la eficacia de las intervenciones.
Participación activa de la persona usuaria
Fomentar la participación y el protagonismo de las personas usuarias en su propio proceso de desarrollo es un principio clave. Sin embargo, las limitaciones cognitivas o emocionales pueden dificultar su implicación activa. Por ello, se promueven dinámicas participativas en las que los usuarios eligen actividades, expresan preferencias y toman decisiones relacionadas con su vida cotidiana. Esto refuerza su autonomía y sentido de control, pudiendo apreciar los beneficios del enfoque centrado en la persona (Etxeberria, 2015).
Apoyo familiar y comunitario
El entorno familiar y social supone un pilar esencial del bienestar de los usuarios. Las familias, sin embargo, suelen enfrentar sobrecarga emocional, falta de recursos y dificultades para gestionar las conductas problemáticas (Novell Alsina et al., 2012).
Los programas de acompañamiento familiar, formación y apoyo emocional, mejoran la estabilidad del entorno y la adaptación de los usuarios. En esta línea, implicar a las familias en el proceso de intervención favorece la continuidad de los logros alcanzados.
Estrategias para afrontar los retos
Intervención personalizada y centrada en la persona
Para lograr mayor eficacia, las intervenciones deben partir de una comprensión completa de las capacidades, preferencias y objetivos de cada persona. La planificación centrada en la persona, junto con actividades terapéuticas, educativas y psicosociales, contribuye al desarrollo integral y a fortalecer su autonomía.
Protocolos de detección y derivación temprana
Es muy importante detectar las necesidades de manera temprana y coordinar bien todos los servicios implicados. Contar con protocolos claros, tanto en salud como en la comunidad, ayuda a que las derivaciones se hagan de forma más rápida y eficaz (Gobierno Vasco, s.f.).
Sensibilización y lucha contra el estigma
Las campañas de sensibilización, la educación social y la participación en la comunidad son estrategias esenciales para reducir el estigma. Las experiencias de convivencia, visibilidad y colaboración permiten transformar la percepción social de la discapacidad, promoviendo valores de respeto y diversidad.
Coordinación y redes de apoyo
Consolidar la coordinación entre los recursos sanitarios, sociales y comunitarios garantiza una atención integrada y sostenida. La práctica profesional evidencia que una comunicación interprofesional efectiva y el fortalecimiento de las redes de apoyo comunitario incrementan la eficacia de los programas orientados a la autonomía y la participación social.
Promoción del empoderamiento y la participación
La participación activa en actividades de ocio, talleres ocupacionales y programas de desarrollo personal contribuye al empoderamiento y la integración social. Los datos indican que las intervenciones psicosociales adaptadas a la persona reducen significativamente los problemas de conducta (Effectiveness of Psychosocial Interventions, 2024). Estas estrategias permiten que cada persona se convierta en agente activo de su propio proceso.
Apoyo integral a familias y comunidad
Reforzar el apoyo familiar y social es esencial para mantener y afianzar los progresos alcanzados. Ofrecer acompañamiento emocional, información y espacios de encuentro permite mejorar la capacidad de las familias para manejar las dificultades conductuales y fomentar relaciones más positivas. La colaboración entre la familia, los profesionales y la comunidad es clave para alcanzar una inclusión plena y duradera.
Conclusión
La intervención comunitaria con personas con discapacidad intelectual y/o enfermedad mental que presentan trastornos de conducta leves requiere un enfoque integral que combine ciencia, práctica y comprensión. Los principales desafíos son la diversidad de casos, la detección tardía, el estigma, la escasez de recursos y la coordinación entre diferentes profesionales.
La experiencia de recursos especializados como Zubi Etxe demuestra que la aplicación de modelos centrados en la persona, la formación constante de los profesionales y la participación activa de las familias y la comunidad pueden mejorar de manera significativa la calidad de vida y la autonomía de las personas con discapacidad intelectual o enfermedad mental.
Es necesario un enfoque conjunto, basado en la experiencia y adaptado a las particularidades del contexto y de cada persona. De esta manera será posible avanzar hacia comunidades inclusivas y respetuosas con la diversidad, para construir una sociedad mejor y más solidaria.
Referencias
- Etxeberria, X. (2015). La discapacidad intelectual en el contexto de la investigación etnográfica: rutas y enclaves. Universidad de Granada.
- González-Pardo Martínez, A. (2021). Autorregulación e independencia del adulto en niños con discapacidad intelectual leve: intervención con un programa de modificación de conducta [Trabajo fin de grado]. Universidad de Valladolid.
- Martínez Iglesias, A. (2024). Trastorno de conducta en alumnos con discapacidad intelectual moderada: propuesta de intervención educativa basada en la arteterapia [Trabajo fin de grado]. Universidad de Valladolid.
- Novell Alsina, R., Rueda Quillet, P., & Salvador-Carulla, L. (2012). Salud mental y alteraciones de la conducta en las personas con discapacidad intelectual: guía práctica para técnicos y cuidadores. Instituto para la Atención y la Investigación en la Discapacidad Psíquica.
- Discapacidad y trastornos de conducta. (2021, 26 de octubre). DIXIT – Centro de Documentación de Servicios Sociales.
- Discapacidad intelectual. (2024). Manual MSD versión para profesionales.
- Effectiveness of psychosocial interventions for youth with mild intellectual disabilities or borderline intellectual functioning and externalising problems: a multilevel meta-analysis. (2024). PubMed.
- Effectiveness of interventions for adults with mild to moderate intellectual disabilities and mental health problems: systematic review and meta-analysis. (2016). PubMed.
- Gobierno Vasco. (s.f.). Servicios sociales, discapacidad física / intelectual / sens

