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Transformación digital en salud para cuidar mejor a las personas

Autor: 77602 - 77595

Directora gerente Ospitalarioak Fundazioa Euskadi

 

La transformación digital en salud: La tecnología solo transforma la atención cuando nos permite anticiparnos, conectar mejor, tomar mejores decisiones y dedicar más tiempo a aquello que realmente aporta valor a la persona. Hablar hoy de transformación digital en salud…

La transformación digital en salud: La tecnología solo transforma la atención cuando nos permite anticiparnos, conectar mejor, tomar mejores decisiones y dedicar más tiempo a aquello que realmente aporta valor a la persona.

Hablar hoy de transformación digital en salud y cuidados parece llevarnos inevitablemente a hablar de inteligencia artificial, sensores, telemonitorización, datos o nuevas aplicaciones.

Todas estas herramientas abren posibilidades extraordinarias. Pero existe una distinción que, para mí, resulta esencial: digitalizar no es transformar.

Podemos incorporar nuevas tecnologías y continuar trabajando con la misma lógica asistencial de antes. La verdadera transformación empieza cuando somos capaces de hacernos otra pregunta:

¿Qué podemos hacer ahora que antes no podíamos hacer para cuidar mejor a esta persona?

Ese es, desde mi punto de vista, el reto que tenemos por delante en Ospitalarioak Fundazioa Euskadi: utilizar la transformación digital para ser una organización más capaz de cuidar la complejidad, detectar antes, conectar mejor, decidir con más información, evitar rupturas y dedicar más tiempo profesional a aquello que realmente aporta valor a las personas.

De los episodios a las trayectorias

Una parte importante de nuestro sistema sanitario y social sigue organizándose alrededor de episodios, centros, prestaciones o dispositivos.

Pero las personas no viven por episodios. Viven trayectorias.

Lo vemos cada día acompañando a personas con trastorno mental grave, daño cerebral, discapacidad, dependencia, fragilidad o necesidades psicogeriátricas. Sus necesidades evolucionan, pueden prolongarse en el tiempo y requieren respuestas diferentes en distintos momentos.

Aquí la tecnología puede tener un papel verdaderamente transformador.

Puede ayudarnos a disponer de la información necesaria, conocer mejor el recorrido de la persona, compartir conocimiento entre profesionales y recursos y favorecer una atención más conectada.

El salto que necesitamos dar no es únicamente disponer de más información digital. Es avanzar hacia una continuidad digital al servicio de la continuidad asistencial.

De reaccionar a anticiparnos

La segunda gran oportunidad está en nuestra capacidad para anticiparnos.

Con frecuencia intervenimos cuando una situación ya se ha producido: una crisis, una caída, un aumento de la dependencia, el agotamiento de una persona cuidadora o una dificultad creciente para permanecer en el domicilio.

Los datos y las tecnologías digitales pueden ayudarnos a reconocer antes determinados cambios. No para sustituir la valoración profesional, sino para ofrecer a nuestros equipos más información para tomar mejores decisiones.

Porque la inteligencia no está en generar una alerta; está en saber qué significa y qué hacemos después.

Una alerta solo adquiere valor cuando somos capaces de traducirla en una respuesta: valorar, acompañar, modificar un plan, movilizar un apoyo, intervenir en el domicilio o activar otro nivel asistencial.

Ese es precisamente uno de los grandes valores que pueden aportar las organizaciones asistenciales: convertir datos en decisiones útiles para las personas.

Datos para aprender, no solo para describir

La transformación digital también nos ofrece una oportunidad extraordinaria para aprender.

Cada día, los profesionales toman multitud de decisiones clínicas, funcionales, sociales y organizativas. Ahí existe un enorme conocimiento que debemos ser capaces de convertir también en conocimiento para toda la organización.

Los datos deberían ayudarnos a responder preguntas que son profundamente asistenciales.

¿Estamos mejorando la autonomía? ¿Mantenemos capacidad funcional? ¿Evitamos reingresos? ¿Damos continuidad a los apoyos? ¿Qué intervenciones consiguen mejores resultados? ¿Dónde aparecen los momentos de mayor fragilidad en el recorrido de una persona?

Por eso, el verdadero salto está en pasar de utilizar los datos para describir lo que hacemos a utilizarlos para decidir qué debemos hacer mejor.

La inteligencia artificial no es el objetivo

En cualquier conversación actual sobre salud digital aparece inevitablemente la inteligencia artificial.

Tiene un enorme potencial. Puede ayudarnos a sintetizar información, identificar riesgos, personalizar procesos de rehabilitación, analizar resultados o apoyar a los profesionales en la toma de decisiones.

Pero creo que debemos evitar convertir la IA en el centro del relato.

La pregunta relevante no es cuánto utilizamos inteligencia artificial, sino qué problemas merece la pena resolver con ella.

Y hacerlo siempre con condiciones claras: seguridad, protección de datos, evaluación de sesgos, interoperabilidad, supervisión humana y evaluación del impacto.

En salud, una tecnología no es buena porque sea avanzada. Es buena cuando aporta valor demostrable sin deteriorar la seguridad, la autonomía, la equidad ni la relación humana.

Y habrá ocasiones en las que la decisión correcta sea utilizarla. Y otras en las que no.

Tecnología que devuelva tiempo para cuidar

Hay otra dimensión de la transformación digital que considero especialmente importante.

La tecnología debe ayudarnos a trabajar mejor. Debe simplificar procesos y permitir que el tiempo de nuestros profesionales se concentre cada vez más en aquello donde realmente aportan valor.

Por eso, junto a otros indicadores, deberíamos hacernos también esta pregunta:

¿Cuánto tiempo profesional somos capaces de recuperar para cuidar, escuchar, acompañar, rehabilitar, coordinar y pensar?

Quizá una buena transformación digital sea aquella en la que la tecnología acaba ocupando menos espacio en la relación, no más.

La tecnología debería hacerse cada vez menos visible para que la persona pueda volver a hacerse más visible.

Más conocimiento, pero también más humanidad

Cuantos más datos seamos capaces de generar, más importante será recordar que una persona siempre es mucho más que aquello que podemos medir sobre ella.

Un algoritmo puede ayudarnos a identificar un riesgo de caída, un deterioro funcional o una posible descompensación. Pero no conoce por sí mismo qué significa para esa persona seguir viviendo en su casa, qué teme, qué desea recuperar, qué relación mantiene con quien la cuida o qué considera una vida que merece la pena vivir.

Por eso no creo que transformación digital y humanización deban recorrer caminos paralelos.

Necesitan encontrarse.

La transformación será verdaderamente coherente con nuestra forma de entender los cuidados cuando permita simultáneamente más conocimiento y más personalización; más capacidad tecnológica y más capacidad relacional.

Una organización capaz de acompañar trayectorias

Ese es el horizonte.

Una organización capaz de reconocer antes los cambios relevantes; compartir la información necesaria entre profesionales y recursos; acompañar a la persona entre lo sanitario, lo social y lo comunitario; llegar al domicilio cuando sea posible; utilizar los datos para personalizar y evaluar; ayudar a los profesionales a tomar mejores decisiones y aprender sistemáticamente de su actividad.

Una organización que incorpore tecnología cuando aporta valor y mantenga siempre supervisión profesional, seguridad y humanidad.

Para Ospitalarioak Fundazioa Euskadi, transformar digitalmente la asistencia no significa poner más tecnología entre el profesional y la persona.

Significa utilizar mejor la tecnología para que haya menos distancia, menos fragmentación y menos incertidumbre entre ambos.

Porque el futuro de los cuidados no será solo más digital.

Deberá ser más anticipatorio, más conectado, más personalizado y más humano.

 

 

 

 

 

 

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